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04/08/2005

Justicia

Este no pretende ser un artículo ni demagógico ni propagandístico. Vaya por delante mi intención de no parecer un panfletario facilón, o un sofista tramposo. Aunque, en cualquier caso, veremos a ver si lo consigo. Trataré de explicar en pocas frases porque creo en una idelogía de izquierdas, sin ismos, sin la típica retórica vacía que muchos utilizan para defender este tipo de opciones vitales. Repito, otra cosa es que lo consiga.
Para empezar digamos que creo en un mundo justo. Sé lo que estáis pensando, a las primeras de cambio nos clava una de las máximas de la demagogia izquierdista. Aclaremos el malentendido, pues. Para mi la Justicia es lo que iguala, lo que proporciona oportunidades a todos independientemente de sus circunstancias. La naturaleza, la peor aliada de la izquierda, se encarga desde el mismo momento de nuestro nacimiento de hacernos diferentes. Nuestras capacidades vienen, más o menos, prefijadas en nuestros genes. Alguién más inteligente que los demás tiene, a priori, más posibilidades de conseguir un mejor trabajo, mayor reconocimiento, en una palabra: éxito. Dejando a un lado esta obviedad, la naturaleza también nos trae sunamis, terremotos, y a la hembra de la mantis religiosa devorando al macho tras la cópula. No pretendo haceros creer que sería correcto arrebatarle a nadie el poder lograr metas elevadas en virtud del criterio de igualdad. Ni por asomo. El problema está en la recompensa. Nuestra sociedad valora el talento através del consumo. Eres muy listo, pues nada, serás el vicepresidente primero de la General Motors, cobrarás un pastón con el que podrás comprarte un yate, varios palacetes en otros tantos puntos del planeta, coches de lujo, y quizás tendrás una secretaria que domine varias lenguas. ¿Quién diría que no a una secretaria políglota? Pero analicemos que se está premiando aquí. En primer lugar, el talento de cualquiera de los peces gordos del consejo de administración de una multinacional es hacer dinero, y por ello reciben a su vez una gran cantidad de pasta. Bien, pues permitamos que nuestro vicepresidente de General Motors se realice comprando pequeñas empresas o realizando fusiónes multimillonarias. Pero, ¿es necesario que gane por ello mil veces más que un operario de la cadena de montaje? ¿A caso podría funcionar alguna empresa sin su mano de obra? Algún listillo, estudiantes de económicas en su mayoría, podría decir que la dirección de una gran empresa es una labor crítica, que los puestos de trabajo de nuestros honrados operarios dependen de lo bien que sepa hacer las cosas el jefazo o jefazos de turno. Pues pongamos que no queremos sus coches, que no deseamos sudar para hacerles más ricos. ¿Qué harían entonces? Está bien, es correcto pensar que para los trabajadores tampoco sería algo beneficioso, pero entonces reconozcamos la relación de simbiosis existente. Nos necesitan. Por lo tanto somos igual de básicos que el tipo de pulido aspecto enfundado en un carísimo traje de Armani.
Por otro lado nadie debería sólo en función de su capacidd económica tener derecho a una educación mejor o a una sanidad más eficaz, por citar sólo un par de aspectos en los que poco o nada hay que dejar de margen a la iniciativa privada. Retomando el planteamiento inicial, la naturaleza ya nos aleja demasiado a los unos de los otros como para que aún abramos una brecha mayor dejando que el hijo de un rico perpetúe la distancia entre los que tienen y los que no asistiendo a mejores escuelas o mejores universidades.
El tema de la sanidad me parece algo que, aún por obvio no deja de ser menos importante. ¿A caso no tiene el mismo derecho a tener acceso a la mejor asistencia sanitaria posible un señora de la limpieza que una especialista en aeronaútica? ¿No les duelen las mismas cosas? ¿A caso no enferman por los mismo virus? ¿Por que si tienes el dinero sufuciente puedes curarte y si no es así, más vale que empieces a arreglar los papeles del testamento por si acaso?
La vivienda. ¿Qué puedeo decir? Montones de pisos vacios producto de la especulación inmobiliaria esperando duplicar su valor, mientras al grueso de la población no le llega para pagar una abusiva hipotéca, y eso si tienen suerte de tener un techo bajo sus cabezas al que puedan llamar hogar.
Por último, es tan difícil de entender que es moralmente reprobable que una parte de la humanidad haga dietas para adelgazar para que el resto muera de hambre? Sentémonos en nuestros confortables hogares occidentales a esperar que las masas de desposeídos de nuestro mundo mueran a millones cada dia sin que el opulento primer mundo haga nada para evitarlo. A eso le llamo yo un buen plan.
04/08/2005 01:42 #. Tema: Desvaríos de una mente enferma Hay 3 comentarios.

Peleas de gallos

Hay diferencia entre conocer el camino y andar el camino. Como también la hay entre saber lo que se quiere y cogerlo. Duras son las condiciones que nos ofrece esta fría roca, mientras gira a la deriva en un inmenso azul. A las dificultades inherentes a nuestra condición finita, hay que añadir lo jodido que es encontrar un fontanero disponible en fin de semana. O pillar un buen sitio en el cine, para ver el último gran estreno de esa colosal fábrica de imposturas llamada Hollywood (Nota para actores, directores y guionistas: No os lo toméis a mal, os adoro, me habéis hecho muy feliz con vuestras películas, pero me llevó años asumir que lo que mostráis son vidas inalcanzables. Nota sobre la nota: Señores productores de films sobre institutos norteamericanos, el mio jamás tuvo taquillas)
Trabajar, dormir, charlar comer, engordar, amar, dormir, reír, enfermar, amar, conversar, comprar mayonesa, llorar, envejecer, trabajar, elegir, esperar, vivir. Dale caña, que ahí es nada. Quieres, pero no tienes. Tienes, pero no lo suficiente. Y esperas. Tranquilamente. Hay mucha vida por delante. Pues quizás, después de todo, no haya tanta existencia como parece.
Me encanta volver al tópico (un clásico ya en mis escritos) de un único ganador que lo consigue todo. Alguién me dijo en cierta ocasión que esto era una de las pocas verdades que podían decirse de sobre el mundo. Que la vida no es más que una pelea de gallos, y el que sobrevive, o mata al oponente, se lo lleva todo. En todo caso, él había elegido la sombra más confortable para, desde la lejanía, observar la lucha, y silenciosamente, apostar por el marrón. Aprovecho la ocasión para responderle que tenía, y tiene, toda la razón. Pero mi gran drama es que no compito con otros gallos. Es a mi mismo a quién doy picotazos y a quién clavo las espuelas en los costados. No sé si me he explicado o sólo he hecho una pseudometáfora avícola barata.
Que más da.
04/08/2005 02:36 #. Tema: Desvaríos de una mente enferma Hay 6 comentarios.


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