Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2005.
09/05/2005
Bienvenido al weblog sucede
Ya tienes weblog. Para empezar a publicar artículos y administrar tu nueva bitácora busca el enlace administrar abajo en esta misma página.
Deberás introducir tu email y contraseña para poder acceder.
En el menú que aparecerá arriba podrás: ver la página inicial (Inicio); escribir y publicar un artículo nuevo; modificar las preferencias de la bitácora, por ejemplo: los colores; Salir del weblog para desconectar de forma segura y ver la portada tal y como la verían tus visitantes.
Puedes eliminar este artículo (entra en modificar > botón eliminar). ¡Que lo disfrutes!
Deberás introducir tu email y contraseña para poder acceder.
En el menú que aparecerá arriba podrás: ver la página inicial (Inicio); escribir y publicar un artículo nuevo; modificar las preferencias de la bitácora, por ejemplo: los colores; Salir del weblog para desconectar de forma segura y ver la portada tal y como la verían tus visitantes.
Puedes eliminar este artículo (entra en modificar > botón eliminar). ¡Que lo disfrutes!
12/05/2005
Vamos a contar mentiras
Mentir está de moda. ¿Que hay que idear una patraña para justificar una declaración de guerra? No hay problema. Sólo hay que ponerle voluntad. Amén de seguir cuatro sencillos pasos. Uno: nos inventamos unas armas (de destrucción masiva, por supuesto). Dos: las localizamos en algún país de nombre impronunciable. A ser posible con abundante petróleo. Tres: hablamos con unos cuantos colegas presidentes. Último paso: a invadir, que son dos días! Bush lo hizo. Blair lo hizo. Aznar posó con ellos para la foto en las Azores. Los tres mintieron. Y los iraquíes pagaron las consecuencias.
Porque ha sido el pueblo iraquí el más perjudicado. La excusa de la invasión era derrocar a Sadam. Pero es su pueblo el que se despierta diariamente con noticias de nuevos atentados. La decisión llevaba meses tomada. Había que justificarla ante la opinión pública. La catástrofe humanitaria era lo de menos.
A pesar de todo, a nadie parece importarle demasiado. Bush fue reelegido. Dios bendiga América! Y Blair ha seguido el mismo camino. Dios salve a la reina! La sinceridad ya no es necesaria para optar a la presidencia. Engañar a millones de ciudadanos ha pasado a ser algo normal. Y es que, visto lo visto, la mentira está absolutamente tolerada en las democracias occidentales. Es el todo vale.
¿Debemos acostumbrarnos? ¿Hay que cruzarse de brazos ante las mentiras gubernamentales? Definitivamente, no. La Democracia no lo merece. Los ciudadanos no lo merecen. Disponemos del arma necesaria para expulsar la mentira del poder. Nuestro voto. No es cuestión de ideologías. Es cuestión de dignidad.
Porque ha sido el pueblo iraquí el más perjudicado. La excusa de la invasión era derrocar a Sadam. Pero es su pueblo el que se despierta diariamente con noticias de nuevos atentados. La decisión llevaba meses tomada. Había que justificarla ante la opinión pública. La catástrofe humanitaria era lo de menos.
A pesar de todo, a nadie parece importarle demasiado. Bush fue reelegido. Dios bendiga América! Y Blair ha seguido el mismo camino. Dios salve a la reina! La sinceridad ya no es necesaria para optar a la presidencia. Engañar a millones de ciudadanos ha pasado a ser algo normal. Y es que, visto lo visto, la mentira está absolutamente tolerada en las democracias occidentales. Es el todo vale.
¿Debemos acostumbrarnos? ¿Hay que cruzarse de brazos ante las mentiras gubernamentales? Definitivamente, no. La Democracia no lo merece. Los ciudadanos no lo merecen. Disponemos del arma necesaria para expulsar la mentira del poder. Nuestro voto. No es cuestión de ideologías. Es cuestión de dignidad.
Mini-soluciones
La ministra de Vivienda, Mª Antonia Trujillo, considera que la dignidad de un domicilio no es una cuestión de metros cuadrados. Es posible. Pero también es posible que la construcción de pisos de protección oficial de 30 m2 sea sólo una solución a medias, un parche insuficiente para un roto mucho mayor.
El problema del acceso a la vivienda no puede solventarse edificando apartamentos diminutos que deberán abandonarse en el momento en que se decida formar una familia. Más que pisos, casi podrían considerarse salas de espera. También habría que ver cual sería el precio de estas mini-viviendas, teniendo en cuenta lo desorbitado del mercado inmobiliario. Un precio excesivo, simplemente, desautorizaría por completo la propuesta.
Las declaraciones de la ministra muestran una vez más que el “globo-sonda” es una de las fórmulas adoptadas por el ejecutivo socialista para gobernar. Se lanza una propuesta a la opinión pública y se esperan reacciones. Puede que la dignidad no se mida en metros cuadrados, pero el problema de la vivienda es lo suficientemente importante como para que el ciudadano no acabe pensando que sólo se le ofrecen experimentos o, lo que es peor, mini-soluciones.
Es obvio que esta problemática social ha de ocupar una lugar central en las políticas gubernamentales. Rodríguez Zapatero creó el ministerio que preside Trujillo, como respuesta a una situación que, sencillamente, incumple lo establecido en la constitución. Quizás esto último se tienda a olvidar con excesiva facilidad.
El problema del acceso a la vivienda no puede solventarse edificando apartamentos diminutos que deberán abandonarse en el momento en que se decida formar una familia. Más que pisos, casi podrían considerarse salas de espera. También habría que ver cual sería el precio de estas mini-viviendas, teniendo en cuenta lo desorbitado del mercado inmobiliario. Un precio excesivo, simplemente, desautorizaría por completo la propuesta.
Las declaraciones de la ministra muestran una vez más que el “globo-sonda” es una de las fórmulas adoptadas por el ejecutivo socialista para gobernar. Se lanza una propuesta a la opinión pública y se esperan reacciones. Puede que la dignidad no se mida en metros cuadrados, pero el problema de la vivienda es lo suficientemente importante como para que el ciudadano no acabe pensando que sólo se le ofrecen experimentos o, lo que es peor, mini-soluciones.
Es obvio que esta problemática social ha de ocupar una lugar central en las políticas gubernamentales. Rodríguez Zapatero creó el ministerio que preside Trujillo, como respuesta a una situación que, sencillamente, incumple lo establecido en la constitución. Quizás esto último se tienda a olvidar con excesiva facilidad.
Atrincherados ante el cambio
El Congreso aprobó hace pocas semanas la reforma del código civil que permitirá el matrimonio homosexual ¿Los opositores? Los de siempre: la derecha más tradicionalista y, como no, la Iglesia ¿Sus argumentos? Los de siempre: estas uniones van contra natura, puesto que la institución del matrimonio sólo puede entenderse entre hombre y mujer.
Esta ley les suena a derrumbe de los valores familiares y a cataclismo moral. Sin embargo, la nueva disposición, únicamente, regula lo que en estos momentos es una realidad incontestable. Los homosexuales son parte integrante de la sociedad y, si deben respetar la legalidad al igual que cualquiera, de la misma manera es lógico que exijan idénticos derechos a los del resto de ciudadanos. La igualdad de todos ante la ley, no ha de ser sólo una frase retórica vacía de significado.
Las posiciones en contra de los matrimonios homosexuales son ocupadas, en buena parte, por aquellos que aún consideran esta tendencia sexual como una aberración. Ciertos sectores sociales, la Iglesia entre ellos, creen firmemente en una idea única de familia, y se consideran sus máximos defensores. La sociedad cambia, y hay que aceptar que el modelo familiar cambia con ella. Adoptar una posición atrincherada ante este hecho, sólo puede entenderse como un ejercicio de intolerancia o de militancia religiosa irreflexiva.
Para colmo, el nuevo Papa, Joseph Ratzinger, ya ha mostrado abiertamente su oposición a este tipo de enlaces. Afortunadamente, la separación entre Iglesia y Estado se consiguió hace tiempo. Las leyes emanan de la sociedad, y los valores que deben inspirarlas son la igualdad, la libertad y la tolerancia. Dejemos la inspiración divina para asuntos como la elección papal.
Esta ley les suena a derrumbe de los valores familiares y a cataclismo moral. Sin embargo, la nueva disposición, únicamente, regula lo que en estos momentos es una realidad incontestable. Los homosexuales son parte integrante de la sociedad y, si deben respetar la legalidad al igual que cualquiera, de la misma manera es lógico que exijan idénticos derechos a los del resto de ciudadanos. La igualdad de todos ante la ley, no ha de ser sólo una frase retórica vacía de significado.
Las posiciones en contra de los matrimonios homosexuales son ocupadas, en buena parte, por aquellos que aún consideran esta tendencia sexual como una aberración. Ciertos sectores sociales, la Iglesia entre ellos, creen firmemente en una idea única de familia, y se consideran sus máximos defensores. La sociedad cambia, y hay que aceptar que el modelo familiar cambia con ella. Adoptar una posición atrincherada ante este hecho, sólo puede entenderse como un ejercicio de intolerancia o de militancia religiosa irreflexiva.
Para colmo, el nuevo Papa, Joseph Ratzinger, ya ha mostrado abiertamente su oposición a este tipo de enlaces. Afortunadamente, la separación entre Iglesia y Estado se consiguió hace tiempo. Las leyes emanan de la sociedad, y los valores que deben inspirarlas son la igualdad, la libertad y la tolerancia. Dejemos la inspiración divina para asuntos como la elección papal.
19/05/2005
Ventanas (Me aburrí y decidí escribir)
Capítulo 1: En el que lo aparentemente intrascendente se revela trascendente ante los asombrados ojos del escritor y, es de esperar, de los lectores.
Pasear. Saludar a un conocido (esbozar una sonrisa de reconocimiento. Un leve gesto con la mano en dirección a un amigo). Y pensar. ¿Que debo hacer hoy?. Mirar de soslayo a una chica bonita (¡Cuanto más bonita si no es consciente de su belleza!) con pantalones ajustados (no, no es un detalle sin importancia...). Mirar el propio reflejo en los escaparates de las tiendas. Y pensar.
¿Habéis dirigido vuestra vista alguna vez (¡Oh, amados lectores de este humilde blog!) en dirección a una ventana de una de esas horribles moles de hormigón que pueblan nuestras ciudades (y que solemos llamar edificios), y os habéis preguntado como será la vida de la gente que hay tras ella? ¿Que trabajos les obligarán a levantarse cada mañana? ¿Cuantas veces se han escuchado gritos tras las paredes? ¿Cuantas veces se ha repetido la frase "te quiero", "te necesito", "pásame la sal"? Yo sí. Yo me lo he preguntado. Alguna vez. No demasiadas. Y de forma muy desordenada (es difícil distinguir las ideas entre el ruido del pensamiento).
Suena el despertador. Desayunamos. Vamos al trabajo, a la universidad, al supermercado. Subimos a trenes atestados de gente. Chocamos los unos contra los otros. Oímos conversaciones a nuestro alrededor. Caminamos por calles atestadas. Nos tomamos un descanso para el café, y quizás, para un cigarrillo. Volvemos a casa horas más tarde. Miramos, extasiados, como otros hacen cosas, en lugar de hacerlas nosotros mismos (se le llama televisión, tiene un gran éxito actualmente). Cerramos los ojos en la oscuridad de nuestro dormitorio, y esperamos, inconscientes, que todo siga ahí fuera mañana, que todo siga igual. Para volver a empezar.
Acojona (sí, a mi también me gusta utilizar tacos) como nos dejamos llevar por la corriente de la realidad. Acojona pensar en los millones de personas viviendo sus vidas, pagando las letras de la hipoteca, haciendo el amor con sus parejas, o con las parejas de otros. Iglesias, bares, lavanderías, cines, ultramarinos, restaurantes chinos... Locales llenos de vidas; salvando almas, emborrachándonos, blanqueando nuestra colada, alimentado nuestros sueños, alimentando vidas, sirviendo cerdo agridulce... ¿De verdad hay tanto espacio en la tierra para todos los que buscamos nuestro lugar bajo el Sol?
Seguiremos intentándolo. La búsqueda define el camino. Ahora voy a ver la tele.
Más reflexiones estúpidas en próximos capítulos.
Pasear. Saludar a un conocido (esbozar una sonrisa de reconocimiento. Un leve gesto con la mano en dirección a un amigo). Y pensar. ¿Que debo hacer hoy?. Mirar de soslayo a una chica bonita (¡Cuanto más bonita si no es consciente de su belleza!) con pantalones ajustados (no, no es un detalle sin importancia...). Mirar el propio reflejo en los escaparates de las tiendas. Y pensar.
¿Habéis dirigido vuestra vista alguna vez (¡Oh, amados lectores de este humilde blog!) en dirección a una ventana de una de esas horribles moles de hormigón que pueblan nuestras ciudades (y que solemos llamar edificios), y os habéis preguntado como será la vida de la gente que hay tras ella? ¿Que trabajos les obligarán a levantarse cada mañana? ¿Cuantas veces se han escuchado gritos tras las paredes? ¿Cuantas veces se ha repetido la frase "te quiero", "te necesito", "pásame la sal"? Yo sí. Yo me lo he preguntado. Alguna vez. No demasiadas. Y de forma muy desordenada (es difícil distinguir las ideas entre el ruido del pensamiento).
Suena el despertador. Desayunamos. Vamos al trabajo, a la universidad, al supermercado. Subimos a trenes atestados de gente. Chocamos los unos contra los otros. Oímos conversaciones a nuestro alrededor. Caminamos por calles atestadas. Nos tomamos un descanso para el café, y quizás, para un cigarrillo. Volvemos a casa horas más tarde. Miramos, extasiados, como otros hacen cosas, en lugar de hacerlas nosotros mismos (se le llama televisión, tiene un gran éxito actualmente). Cerramos los ojos en la oscuridad de nuestro dormitorio, y esperamos, inconscientes, que todo siga ahí fuera mañana, que todo siga igual. Para volver a empezar.
Acojona (sí, a mi también me gusta utilizar tacos) como nos dejamos llevar por la corriente de la realidad. Acojona pensar en los millones de personas viviendo sus vidas, pagando las letras de la hipoteca, haciendo el amor con sus parejas, o con las parejas de otros. Iglesias, bares, lavanderías, cines, ultramarinos, restaurantes chinos... Locales llenos de vidas; salvando almas, emborrachándonos, blanqueando nuestra colada, alimentado nuestros sueños, alimentando vidas, sirviendo cerdo agridulce... ¿De verdad hay tanto espacio en la tierra para todos los que buscamos nuestro lugar bajo el Sol?
Seguiremos intentándolo. La búsqueda define el camino. Ahora voy a ver la tele.
Más reflexiones estúpidas en próximos capítulos.
El ganador se lo lleva todo
Capítulo segundo: En el que el autor cambia de estilo y reflexiona sin más. Y sin más, por ello, se aburre (y aburre).
Nadie me dijo que esto de vivir iba tan en serio (O quizás sí me lo dijeron. Y yo no escuché con la atención debida). No sé si alguién, alguna vez, me confesó que la vida estaba plagada de decisiones traumáticas y dolorosas. Que se avanza renunciando (de lo contrario se renunciar a avanzar). Que elegir un camino, no implica abandonar el deseo de recorrer otros caminos posibles. No recuerdo a nadie advirtiéndome de lo arriesgado de no correr riesgos (Las mayores apuestas son las que obtienen los mayores beneficios. Y el ganador se lo lleva todo)
La tormenta arrecia. Quedémonos en casa. Pongamos una película y preparemos palomitas de microondas. Refugiémonos en el calor y la seguridad del hogar. Y mientras, alguien, ahí fuera, puede estar viviendo nuestras vidas. Puede que tenga el trabajo que nosotros queremos, o que disfrute de la compañía de aquellos(nota importante sobre aquellos:lector, elije tú mismo si deseas plural o singular; masculino o femenino) con quién estaríamos contentos de compartir nuestro tiempo. Y se ven pasar las oportunidades, y ahí seguimos, aguantando el tipo y comiendo palomitas de microondas. Pero, oye, es que a nadie le gusta caminar bajo la lluvia. Sin embargo, sólo hay sitio para el ganador. Y parece que sólo puede haber un ganador.
Asume, amado lector, que el premio no es un cómodo sillón en una limpia y ordenada oficina. No es una bonita casa, con mujer, hijos y perro a juego. El premio es vivir como realmente se desea vivir. La recompensa es poder aguantar la mirada del tipo que te juzga todas las mañanas frente al espejo del cuarto de baño (el autor reconoce la demagogia barata de las dos últimas frases, pero reivindica su derecho a escribir lo que le salga de los huevos.)
Sintámonos arrastrados por la embriagadora magia de las enumeraciones: argumentos a nuestro favor: (Amigos, trabajo, familia) cenas, electrodomésticos con descuento, borracheras, pantalones acampanados, risas, móviles de última generación, Los simpsons, resacas, bebidas con soja, películas de Woody Allen, percheros automáticos, charlas en bares, vacaciones organizadas (familia, trabajo, amigos)... ¿Seremos los ganadores sin saberlo? Y si es así, ¿por qué sigo teniendo la sensación de haberme dejado algo en algún punto del camino?
Siempre nos queda el recurso de pensar que todo esto no va con nosotros. O que estas son las palabras de un resentido con mucho tiempo libre.
Más reflexiones estúpidas en próximos capítulos.
Nadie me dijo que esto de vivir iba tan en serio (O quizás sí me lo dijeron. Y yo no escuché con la atención debida). No sé si alguién, alguna vez, me confesó que la vida estaba plagada de decisiones traumáticas y dolorosas. Que se avanza renunciando (de lo contrario se renunciar a avanzar). Que elegir un camino, no implica abandonar el deseo de recorrer otros caminos posibles. No recuerdo a nadie advirtiéndome de lo arriesgado de no correr riesgos (Las mayores apuestas son las que obtienen los mayores beneficios. Y el ganador se lo lleva todo)
La tormenta arrecia. Quedémonos en casa. Pongamos una película y preparemos palomitas de microondas. Refugiémonos en el calor y la seguridad del hogar. Y mientras, alguien, ahí fuera, puede estar viviendo nuestras vidas. Puede que tenga el trabajo que nosotros queremos, o que disfrute de la compañía de aquellos(nota importante sobre aquellos:lector, elije tú mismo si deseas plural o singular; masculino o femenino) con quién estaríamos contentos de compartir nuestro tiempo. Y se ven pasar las oportunidades, y ahí seguimos, aguantando el tipo y comiendo palomitas de microondas. Pero, oye, es que a nadie le gusta caminar bajo la lluvia. Sin embargo, sólo hay sitio para el ganador. Y parece que sólo puede haber un ganador.
Asume, amado lector, que el premio no es un cómodo sillón en una limpia y ordenada oficina. No es una bonita casa, con mujer, hijos y perro a juego. El premio es vivir como realmente se desea vivir. La recompensa es poder aguantar la mirada del tipo que te juzga todas las mañanas frente al espejo del cuarto de baño (el autor reconoce la demagogia barata de las dos últimas frases, pero reivindica su derecho a escribir lo que le salga de los huevos.)
Sintámonos arrastrados por la embriagadora magia de las enumeraciones: argumentos a nuestro favor: (Amigos, trabajo, familia) cenas, electrodomésticos con descuento, borracheras, pantalones acampanados, risas, móviles de última generación, Los simpsons, resacas, bebidas con soja, películas de Woody Allen, percheros automáticos, charlas en bares, vacaciones organizadas (familia, trabajo, amigos)... ¿Seremos los ganadores sin saberlo? Y si es así, ¿por qué sigo teniendo la sensación de haberme dejado algo en algún punto del camino?
Siempre nos queda el recurso de pensar que todo esto no va con nosotros. O que estas son las palabras de un resentido con mucho tiempo libre.
Más reflexiones estúpidas en próximos capítulos.
