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Sociedad

Pulseritas

Leí hace poco un artículo que hablaba sobre esta moda de llevar pulseras solidarias. Decía, más o menos, que si nos las pusieramos todas a la vez, habría que inventar una nueva para solidarizarse con los problemas de cangrena que le surgirían al valiente que cometiera tamaña locura. Soy incapaz de entender como funciona la mente de la gente, y mucho menos, de entender como carbura el maquiavélico ingenio de los chicos del departamento de marketing de las empresas responsables de lanzar nuevos productos al mercado. Nos lo tragamos todo. Y con gusto además. Claro que todos son muy libres de llevar en sus muñecas lo que les plazca. Pero al menos, deberiamos ser capaces de reconocer el momento en que estos simpáticos chicos del departamento de marketing nos la están metiendo doblada hasta la campanilla. Todo en esta sociedad es susceptible de ser cómodamente reducido, reproducido de forma masiva y listo para estar en los escaparates de los centros comerciales de medio planeta. Pero es que lo de las pulseritas ya es demasiado. Trozos de plástico con buenos sentimientos, que mágicamente impregnan a su portador, y a todos aquellos que los ven y reconocen, de unos elevadísimos y muy arraigados valores morales. ¿Pero es que estamos tontos, o estamos tontos? Ya puesto que diseñen los supositorios solidarios. El Azul sería para salvar a las ballenas, los verdes, el amazonas, los amarillos en favor de los restaurantes chinos... Hay que joderse. Al menos de esta manera nadie debería molestarse cuando les dijera por donde se puden meter su solidaridad de diseño.

Navidades judias

Me ha pasado una cosa muy graciosa mientras esperaba el tren esta mañana. Sentado en un banco de la estación, con la habitual cara de “odio madrugar”, hasta mi ha llegado un comentario que ha conseguido sacarme de mi sopor matutino. Y os aseguro que, por regla general, no consigo despertarme completamente hasta, al menos, el tercer o cuarto café de la mañana.
A pocos metros, dos chavales, de 17 ó 18 años, con el típico look skinhead (a saber: cabeza rapada, pantalones de pitillo y unas cuantas esvásticas a modo de bonito ornamento), mantenían una animada conversación. Uno de ellos comentaba que no soportaba todo lo que su madre montaba en casa durante las navidades. Con gran indignación, su compañero le contestó que él jamás celebraba la Navidad, y añadió: “¿No sabes que es una fiesta judía? “
Que queréis que os diga, me eché a reír. Y me jugué el tipo al hacerlo. Aquellos dos personajes me miraron con cara de “tú debes de ser uno de esos malditos conspiradores sionistas”. Pensándolo mejor, parece poco probable que supieran el significado de la palabra “sionista”. Por fortuna, la llegada del tren me libró de ir a la universidad con un ojo a la virulé.
Vaya, vaya. La Navidad es judía. ¿A que no os lo imaginabais?. Tantos años engañados. Tantas reposiciones en televisión de Rey de Reyes. Y total para ser vilmente embaucados. Me hubiera gustado preguntarles que opinaban sobre otras festividades religiosas, tipo la Semana Santa. Quizás piensen que es Hare Krishna. A estos chicos, en su total ignorancia, alguien les debe haber señalado a quién deben odiar. Lo que se les escapa es el por que. No es de extrañar. Todo odio siempre es irracional.