Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2005.
10/09/2005
Menuda putada
Estar seguro de algo es difícil. En mi caso, es casi imposible. He sido (y soy) un indeciso. A veces (las menos) elijo. Los resultados de mis elecciones siempre son parciales. Suelo acertar a medias. Y a medias fallo. Lo que me lleva de vuelta al punto de partida. A preguntarme si habré hecho lo correcto o si, por contra, lo mejor hubiera sido (para variar) quedarse quietecito. Otras veces (menos todavía) creo estar completamente seguro de algo. Y entonces es cuando me llevo el mazazo. Porque me lo llevo, que nadie lo dude.
Tengo cierta querencia a dar mortales hacia atrás sobre una cuerda floja y sin red. No sé si es por confiar mucho en mis posibilidades o por no confiar en absoluto. Es posible que hacer equilibrios en el vacio sea una solución para no preocuparse por como va acabar la pirueta. Me estrellaré contra el suelo, y éste será el que tome las decisiones por mi (será el golpe el que acabe conmigo, no yo).
Me fío de las personas. Lo que casi siempre (para el que todavía no lo sepa) resulta peligroso. Creo en las palabras de los demás. Y debido a eso, olvido que las palabras no son nada. Que pierden su significado instantes después de haber ascendido por la garganta para acabar muriendo en medio de un espacio muerto, innecesario (el que nos separa a los unos de los otros). Creemos estar rodeados por otros seres como nosotros, cuando la verdad es que lo único que nos rodea es el aire vacío (viciado por la exalación de miles de alientos, igualmente vacíos).
Y entonces pasa. Rozas algo que vale la pena. Y se desvanece. Y digo para mis adentros, "menuda putada". Y vuelves a estar donde estabas, y repito para mis adentros "que putada". Si alguien se pregunta que coño trato de decir con todo esto, mi respuesta es que no tengo ni las más remota idea. Ya os lo he dicho en otras ocasiones, como queréis que yo sepa lo que digo. Una putada, no?
Tengo cierta querencia a dar mortales hacia atrás sobre una cuerda floja y sin red. No sé si es por confiar mucho en mis posibilidades o por no confiar en absoluto. Es posible que hacer equilibrios en el vacio sea una solución para no preocuparse por como va acabar la pirueta. Me estrellaré contra el suelo, y éste será el que tome las decisiones por mi (será el golpe el que acabe conmigo, no yo).
Me fío de las personas. Lo que casi siempre (para el que todavía no lo sepa) resulta peligroso. Creo en las palabras de los demás. Y debido a eso, olvido que las palabras no son nada. Que pierden su significado instantes después de haber ascendido por la garganta para acabar muriendo en medio de un espacio muerto, innecesario (el que nos separa a los unos de los otros). Creemos estar rodeados por otros seres como nosotros, cuando la verdad es que lo único que nos rodea es el aire vacío (viciado por la exalación de miles de alientos, igualmente vacíos).
Y entonces pasa. Rozas algo que vale la pena. Y se desvanece. Y digo para mis adentros, "menuda putada". Y vuelves a estar donde estabas, y repito para mis adentros "que putada". Si alguien se pregunta que coño trato de decir con todo esto, mi respuesta es que no tengo ni las más remota idea. Ya os lo he dicho en otras ocasiones, como queréis que yo sepa lo que digo. Una putada, no?
If
Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud,
o pasear con reyes y no perder el sentido común,
si los enemigos y los amigos no pueden herirte,
y todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado;
si puedes llenar el minuto inolvidable
con los sesenta segundos que lo recorren.
Tuya es la Tierra y todo lo que en ella habita,
y -lo que es más- serás hombre, hijo.
Este es el final del poema "If", de Kipling. Que cada cual saque sus propias conclusiones.
o pasear con reyes y no perder el sentido común,
si los enemigos y los amigos no pueden herirte,
y todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado;
si puedes llenar el minuto inolvidable
con los sesenta segundos que lo recorren.
Tuya es la Tierra y todo lo que en ella habita,
y -lo que es más- serás hombre, hijo.
Este es el final del poema "If", de Kipling. Que cada cual saque sus propias conclusiones.
Pulseritas
Leí hace poco un artículo que hablaba sobre esta moda de llevar pulseras solidarias. Decía, más o menos, que si nos las pusieramos todas a la vez, habría que inventar una nueva para solidarizarse con los problemas de cangrena que le surgirían al valiente que cometiera tamaña locura. Soy incapaz de entender como funciona la mente de la gente, y mucho menos, de entender como carbura el maquiavélico ingenio de los chicos del departamento de marketing de las empresas responsables de lanzar nuevos productos al mercado. Nos lo tragamos todo. Y con gusto además. Claro que todos son muy libres de llevar en sus muñecas lo que les plazca. Pero al menos, deberiamos ser capaces de reconocer el momento en que estos simpáticos chicos del departamento de marketing nos la están metiendo doblada hasta la campanilla. Todo en esta sociedad es susceptible de ser cómodamente reducido, reproducido de forma masiva y listo para estar en los escaparates de los centros comerciales de medio planeta. Pero es que lo de las pulseritas ya es demasiado. Trozos de plástico con buenos sentimientos, que mágicamente impregnan a su portador, y a todos aquellos que los ven y reconocen, de unos elevadísimos y muy arraigados valores morales. ¿Pero es que estamos tontos, o estamos tontos? Ya puesto que diseñen los supositorios solidarios. El Azul sería para salvar a las ballenas, los verdes, el amazonas, los amarillos en favor de los restaurantes chinos... Hay que joderse. Al menos de esta manera nadie debería molestarse cuando les dijera por donde se puden meter su solidaridad de diseño.
29/09/2005
Es lo que hay
¿Os suena aquello de "es lo que hay"? A veces te lo dice alguién. En estos casos, suele ser un funcionario amargado que te pide que rellenes un formulario estándar por triplicado, para conseguir algún tipo de estúpida documentación que previamente ya te ha solicitado uno de sus tristes compañeros dos ventanillas a su derecha, mientras ambos tratan de recordar, sepultados entre papeles, como eran antes de que el peso del mundo aplastara sus pobres espíritus: "Es lo que hay, muchacho. No sirve de nada patalear."
A veces te toca repetírtelo a ti mismo. Como un mantra. Como una consigna. Es lo que es, hay lo que hay. Como esa vieja canción de Revólver que un buen amigo me decubrió hace poco. Puedes darle las vueltas que quieras que al final todo te lleva al mismo lugar: "Es lo que hay, muchacho. Por ahora no dan más."
Ya sé que he repetido muchas veces lo difícil que resulta saber que es lo que se desea en realidad. Pero en ocasiones ocurre que sí lo sabes. Aparece ante ti como un resplandor. Casi te golpea. Sufres un momento de lucidez, como diría un borracho. Una súbita revelación. Un "ahora lo sé", un "por fin lo sé". Y tienes la certeza de que todo irá bien. Porque todo cobra sentido y te agarras a ello con fuerza, esperando que eso sea suficiente.
Pero luega llega la reflexión y más tarde la realidad. Nadie dice que lo que quieras sea relamente bueno para ti. Y, lo más importante, nadie dice que vayas a conseguirlo. Entonces es el turno de la confusión. ¿Cómo puedo equivocarme en lo único que he estado seguro en toda mi vida? Respuesta: "Es lo que hay, muchacho.No hay nada que hacer."
¿Lo peor de todo? Que hay que seguir levantándose cada mañana. Quieras o no. Porque todo pasa. Pero mientras tanto, sólo te queda apretar los dientes y esperar a que la tormenta pase. Para, con suerte, volver a no saber que es lo que se desea. A perder la certeza que tanto trabajo había costado conseguir. ¿Qué haremos entonces? Iremos al cine, tomaremos unas cañas con los amigos, compraremos el periódico y buscaremos en las páginas amarillas el número de alguna pizzería que lleve comida a casa. Y nos repetiremos, como si fuera un mantra, como una consigna: "Es lo que hay, muchacho. Te jodes."
A veces te toca repetírtelo a ti mismo. Como un mantra. Como una consigna. Es lo que es, hay lo que hay. Como esa vieja canción de Revólver que un buen amigo me decubrió hace poco. Puedes darle las vueltas que quieras que al final todo te lleva al mismo lugar: "Es lo que hay, muchacho. Por ahora no dan más."
Ya sé que he repetido muchas veces lo difícil que resulta saber que es lo que se desea en realidad. Pero en ocasiones ocurre que sí lo sabes. Aparece ante ti como un resplandor. Casi te golpea. Sufres un momento de lucidez, como diría un borracho. Una súbita revelación. Un "ahora lo sé", un "por fin lo sé". Y tienes la certeza de que todo irá bien. Porque todo cobra sentido y te agarras a ello con fuerza, esperando que eso sea suficiente.
Pero luega llega la reflexión y más tarde la realidad. Nadie dice que lo que quieras sea relamente bueno para ti. Y, lo más importante, nadie dice que vayas a conseguirlo. Entonces es el turno de la confusión. ¿Cómo puedo equivocarme en lo único que he estado seguro en toda mi vida? Respuesta: "Es lo que hay, muchacho.No hay nada que hacer."
¿Lo peor de todo? Que hay que seguir levantándose cada mañana. Quieras o no. Porque todo pasa. Pero mientras tanto, sólo te queda apretar los dientes y esperar a que la tormenta pase. Para, con suerte, volver a no saber que es lo que se desea. A perder la certeza que tanto trabajo había costado conseguir. ¿Qué haremos entonces? Iremos al cine, tomaremos unas cañas con los amigos, compraremos el periódico y buscaremos en las páginas amarillas el número de alguna pizzería que lleve comida a casa. Y nos repetiremos, como si fuera un mantra, como una consigna: "Es lo que hay, muchacho. Te jodes."
